Wild Wonder story
Marble Cabalga la Tormenta
En lo profundo de una nube de tormenta que retumba, un diminuto granizo llamado Marble está a punto de vivir el viaje más increíble de su vida — subir, bajar y volver a subir — creciendo un poco más cada vez antes de caer, por fin, a la tierra.

Un punto diminuto en las nubes
En lo profundo de una nube de tormenta gris que retumbaba, un diminuto granizo llamado Marble giraba despacio en el aire frío y brumoso. Era más pequeña que una gota de lluvia, redonda y pálida, rodeada de minúsculas gotitas de agua que todavía no se habían congelado. Marble no lo sabía todavía, pero estaba a punto de vivir el viaje más increíble de su vida.
Elevada y cubierta de hielo
De repente, una fuerte ráfaga de viento rugió desde abajo y arrastró a Marble cada vez más arriba, hasta la parte más fría y helada de la nube. Mientras subía, diminutas gotas de agua la rozaron y se congelaron al instante, envolviéndola en una nueva capa de hielo brillante. «¡Oh!» rio Marble. «¡Estoy creciendo!»
Bajando junto a sus amigos
Pero las corrientes de aire no soplan para siempre. Pronto el viento se calmó, y la gravedad tiró suavemente de Marble hacia abajo, a través del centro de la nube. Pasó junto a docenas de otros granizos pequeños que hacían exactamente lo mismo, todos rodando y creciendo juntos en la luz gris y arremolinada. «Somos como bolitas de nieve en un trineo muy saltarín», rio uno de ellos, y Marble también se rio.
Creciendo anillo tras anillo
Volvió a subir — y a bajar, y a subir, y a bajar. Cada vez que el viento la llevaba más arriba, ganaba una nueva capa de hielo brillante, envuelta alrededor de la anterior como los anillos de un árbol muy viejo. Marble empezó a sentirse maravillosamente fuerte, un poco más pesada y un poco más valiente con cada viaje de ida y vuelta.
Un aterrizaje muy suave
Por fin, después de tantos viajes que ya había perdido la cuenta, Marble había crecido tan redonda y rolliza que ni siquiera las ráfagas más poderosas podían levantarla. Se inclinó y cayó — no con miedo, sino con orgullo — y aterrizó con suavidad en un prado de hierba verde. A su alrededor, docenas de amigos de la nube brillaban como pequeñas canicas bajo la luz mientras la tormenta se alejaba y el sol se asomaba.



