Wild Wonder

Wild Wonder story

La Noche a Medias Despierta de Mira

Mientras el atardecer cae sobre la bahía, Mira la delfín siente que sus ojos empiezan a pesarle — pero no puede dejar de nadar, ni dejar de respirar. ¿Cómo puede un delfín descansar alguna vez?

Una joven delfín gris llamada Mira salta junto a su manada en una bahía tranquila teñida por el atardecer, con luz anaranjada ondulando sobre la superficie del agua.

Jugar hasta el anochecer

Durante toda la tarde, Mira había perseguido a su manada por las aguas poco profundas y soleadas, saltando, chasqueando y compitiendo con las olas. Pero ahora el cielo se teñía del color de los duraznos maduros, y sus aletas se sentían más pesadas con cada movimiento. Hasta los delfines se cansan después de un día de juego.

Una pregunta somnolienta

Mira bostezó — un pequeño resoplido de burbujas — y aminoró el paso para deslizarse suavemente. Le encantaba la calma del anochecer que caía sobre la bahía, pero también sintió una preocupación. Si se dormía como cuando era una cría, cerrando los dos ojos a la vez, ¿quién le recordaría subir a respirar? Un delfín dormido igual necesita respirar.

Una mitad de la mente se duerme

Así que Mira hizo algo maravillosamente ingenioso. Dejó que solo la mitad de su cerebro se durmiera. Su ojo izquierdo se cerró suavemente, y ese lado de ella descansó, tranquilo y soñador. Pero su ojo derecho permaneció abierto, brillante y vigilante, conectado a la mitad de su cerebro que seguía bien despierta, deslizándola con calma por el agua iluminada por la luna.

Cambio de guardia

Durante horas, su mitad despierta le hizo buena compañía — guiándola con suavidad alrededor de los peces dormidos, escuchando el silencio del arrecife, y empujándola de vez en cuando hacia la superficie para respirar. Entonces, tan silenciosamente como cambia la marea, las dos mitades intercambiaron lugares. Su ojo derecho se cerró, su ojo izquierdo se abrió, y una mitad fresca de Mira tomó el turno de vigilancia.

Una mañana completa y feliz

Cuando el sol se alzó rosado y dorado sobre la bahía, las dos mitades de Mira se sentían bien despiertas y listas. Rompió la superficie con un salto alegre, las salpicaduras captando la luz de la mañana, y su manada emergió a su alrededor, chasqueando sus saludos. Mira había descansado toda la noche, una mitad a la vez, y nunca había dejado de cuidar de sí misma.