Wild Wonder

Wild Wonder story

Ollie y los Brazos Ondulantes

Todos los peces del arrecife nadaban bien lejos de los brazos ondulantes de Nell, excepto un pequeño y valiente pez payaso que estaba a punto de descubrir el hogar más seguro de todo el océano.

Un pequeño pez payaso naranja y blanco se asoma detrás de una roca de coral, observando los largos tentáculos morados de una gran anémona de mar ondear en la corriente.

Una primera mirada curiosa

Ollie, el pequeño pez payaso naranja y blanco, se asomó detrás de una roca de coral para observar cómo una gran anémona de mar agitaba suavemente sus largos brazos morados en la corriente. Todos los demás peces del arrecife nadaban dando un gran rodeo, alejándose en cuanto los tentáculos los rozaban. «¿Por qué todos se alejan de ti?» preguntó Ollie, con la cola temblando de nervios. Desde los brazos ondulantes, una voz suave respondió: «Porque un solo roce mío hace daño a casi cualquiera que lo intente.»

Una capa resbaladiza

«Casi cualquiera», repitió Ollie, acercándose un poco más. Nell, la anémona, se meció con suavidad. «Ven y frótate contra mis brazos, poco a poco», dijo. «No dolerá, te lo prometo.» Así que Ollie se frotó contra sus tentáculos una y otra vez, hasta que una gruesa y resbaladiza capa de mucosidad cubrió cada una de sus escamas, tan gruesa que los brazos urticantes de Nell ya no notaban que él estaba allí.

Por fin en casa

Ollie nadó hasta adentro por completo, acomodándose entre los brazos ondulantes con la misma facilidad que al meterse bajo una manta calentita. Afuera, un pez grande de aspecto hambriento pasó nadando y se apartó de un respingo en cuanto rozó un tentáculo. Adentro, Ollie no sintió ni el más mínimo hormigueo. «Esta es la casita más segura de todo el arrecife», rió, dando una alegre vuelta entre los brazos de Nell.

Montando guardia juntos

Una mañana, un pez mariposa hambriento llamado Bellamy se acercó, mordisqueando el borde suave de los brazos de Nell. Ollie salió disparado como un destello anaranjado, persiguiendo a Bellamy con vueltas rápidas y decididas hasta que el pez mariposa se fue a buscar un bocado más fácil. Los tentáculos de Nell se enroscaron agradecidos a su alrededor. «Gracias, Ollie», dijo ella. «Tú me proteges a mí, igual que yo te protejo a ti.»

Compañeros para siempre

Esa noche, Ollie compartió su cena, dejando que pequeñas migas flotaran hasta los brazos expectantes de Nell, migas que ella jamás podría atrapar sola. Mientras el arrecife se teñía de dorado bajo el atardecer, Ollie se acurrucó calentito entre los tentáculos que antes le habían parecido tan peligrosos. «Ahora nos cuidamos el uno al otro», murmuró somnoliento. Y a su alrededor, los suaves brazos de Nell se mecían como un tierno abrazo de buenas noches.