Wild Wonder

Wild Wonder story

Poppy Baila el Camino

Cuando Poppy, la pequeña abeja, descubre el mejor parche de trébol que ha visto jamás, se topa con un solo problema: ¿cómo contárselo a sus hermanas en la oscuridad, sin decir ni una sola palabra?

Una pequeña abeja dorada llamada Poppy sale volando de una colmena redonda de paja hacia un cielo azul soleado, con otras abejas zumbando cerca de la entrada de la colmena.

Un vuelo matutino curioso

Cada mañana, antes de que el rocío se secara, Poppy salía zumbando de la colmena para explorar. Le encantaba sentir el viento bajo sus alas y el sonido de su propio zumbido. Esa mañana, un aroma dulce flotaba en la brisa — tan intenso que la atraía hacia adelante como un hilo atado a su corazón.

El mejor parche de flores

Siguió el aroma por encima de una cerca, más allá de un jardín dormido, y ahí estaba: todo un prado de trébol y girasoles, meciéndose al sol como si la hubieran estado esperando. Poppy se posó sobre una suave flor rosada y bebió hasta que sus patas quedaron cubiertas de polen dorado. "La colmena tiene que saber de este lugar", zumbó para sí misma.

Un acertijo en la oscuridad

Pero cuando Poppy voló de regreso, el interior de la colmena estaba oscuro como un ojo cerrado — demasiado oscuro para señalar, demasiado oscuro para dibujar un mapa. ¿Cómo podía explicar el prado, la cerca, el parche exacto de trébol, sin decir una sola palabra ni tener un rayo de luz? Sus hermanas se reunieron muy cerca, esperando, con las antenas temblando por la misma pregunta.

Contarlo con un contoneo

Así que Poppy hizo lo único que tenía sentido: bailó. Caminó derecho hacia adelante, contoneando todo su cuerpo de lado a lado, y luego dio la vuelta en forma de ocho para repetirlo. El ángulo de su contoneo indicaba hacia dónde volar, en relación con el sol. Cuanto más tiempo se contoneaba, más lejos estaban las flores. Sus hermanas se acercaron en la oscuridad, sintiendo cada paso, cada temblor, cada giro.

Siguiendo sus indicaciones

Una por una, sus hermanas despegaron y volaron — no vagando, no adivinando, sino directo hacia el prado que Poppy había descrito bailando. Cuando aterrizaron entre el trébol y los girasoles, zumbaron de alegría. Poppy nunca había dicho ni una sola palabra, y aun así, cada abeja de la colmena sabía exactamente adónde ir.