El largo colmillo en espiral del narval no es un cuerno en absoluto: en realidad es un diente gigante, más largo que una persona adulta, lleno de terminaciones nerviosas que pueden sentir el agua a su alrededor.
Cada año, un pequeño charrán ártico vuela de un extremo de la Tierra al otro y regresa, recorriendo una distancia más larga que una vuelta completa al planeta entero.